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Pedacitos de Historia


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Belleza de la Antón "sesentosa" (II)
Estos Magirus Deutz carrozados por San Antonio fueron "la" imagen de la recordada Empresa Antón en los '70. Llegaron varios ejemplares como este y algunos de ellos llegaron activos a los '80 pero cumpliendo transporte de personal, una función para la cual no hacían falta vehículos de última generación.
Es muy probable que el modelo de su bastidor sea el 150 L-12, pero esperamos que nuestros amigos sabios de este segmento lo confirmen o corrijan.
Seguramente esta imagen fue tomada en sus primeros años de vida: aún luce su atractivo esquema de pintura original.
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Filename:118234.jpg
Album name:busarg / 044 - Empresas de media, larga distancia y turismo - A
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Chasis/Año:Magirus Deutz 150 L-12 / 1971-72
Carrocería:San Antonio
Empresa / Línea:Empresa Antón / Servicios de larga distancia
Ciudad / Provincia / País:Argentina
File Size:30 KB
Date added:Apr 24, 2023
Dimensions:531 x 386 pixels
Displayed:443 times
URL:http://busarg.com.ar/fotogaleria/displayimage.php?pos=-18299
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Ariel183  [Apr 24, 2023 at 10:33 AM]
Era media CORTINA la corbata..... Quiso hacer un MOÑO, o es un BABERO ?....🤣🤣
Chevallier  [Apr 24, 2023 at 05:15 PM]
«Historias de no se dónde»
“El ANTON que no miramos”
La empresa de don José Antón estaba en San Isidro. Varios comerciantes de esa zona se instalaron en Villa Gesell. Pinciroli, que era de Martínez, puso una casa de materiales importante en la Villa.
Los micros salían de la calle Alsina, levantaban pasajeros en Puente Saavedra, Juramento y Cabildo, y en Constitución. En la ruta 2 paraba en Chascomús y en Maipú, después desviaba a la izquierda en Las Armas, faltando 100 kilómetros para Mar del Plata, y por la estrecha 74 llegaba a Madariaga, y desde ahí por camino de tierra, pasando por Estación Juancho. Algunos entraban a Pinamar y terminaban en Gesell. Cuentan que han hecho tramos por la playa y en ocasiones de encajarse, todos los hombres bajaban a empujar. Era una empresa muy familiar. Llevaban algunas frazadas para ofrecer a quien las necesitara. Todos los choferes eran muy amables. Creo haber viajado más de treinta veces, varias de ellas con el mismo don José al volante. Recuerdo algunas históricas anécdotas de esos viajes.

En Madariaga, Antón tenía un transbordo arreglado para los días de lluvia. Quedaba el Antón ahí y subíamos a unos colectivos chicos modificados que tenían tracción también delantera. Eran Chevrolets ‘38 y ‘47, en los que ya nos ubicaban en asientos fijos, no cómodos. En estas unidades, a falta de bodega se utilizaba el pasillo. Ahí se apilaba todo el equipaje, a veces hasta el techo. No eran solo valijas. Fuera de temporada la mayoría de los pasajeros eran propietarios que llevaban distintas cosas para sus casas. Resultaba curioso ver al chofer girando el volante para ambos lados con agilidad y al colectivo deslizarse derechito por el centro de la ruta, chapaleando barro. El viaje normal de una hora demoraba tres. La parada del centro era frente al hotel Villa Gesell sobre la avenida 3 de arena. Después, yendo para el fondo paraba en El Gateado, en la 114 (ex paseo 14). Antes del ‘63, año en el que inauguraron la Telefónica, el único teléfono público estaba casi al final del campo del ACA. Un acopladito de chapa con una escalerita era lo que había, y se hablaba colocándose auriculares.
Si el coche en que viajábamos entraba en Pinamar, estaba claro quién bajaría en esa última parada. A esos pasajeros los delataban los mocasines, los sacos sport y los pañuelos de cuello. En la Villa vestíamos standard, casi uniformados. Pantalón Grafa o vaquero, alpargatas o borceguíes y campera de cuero o gabán azul. De noche, infaltable una linterna. Años después con el discutido asfalto, llegaron los primeros mocasines.
Aconsejado por mi viejo, no sé en qué año, hice cambio de domicilio “para ser geselino” a la hora de pagar los impuestos, ya que los residentes pagaban menos. El único inconveniente que tuve fue un viaje obligado para unas elecciones, cuando Gesell aún pertenecía a Madariaga. Los partidos políticos trasladaban votantes en diversos vehículos. Recuerdo lo frío que estaba ese domingo viajando en la caja de una camioneta. ¡Cómo extrañé el Antón!

Los micros de esa época no tenían suspensión neumática. Nadie quería viajar atrás “sobre las ruedas”. Los pasajes de ese sector eran los últimos en venderse. El tema de las ubicaciones me recuerda algo que le sucedía a un compañero de colimba rosarino. Las noches que viajaba a Buenos Aires regresando de un franco, siempre lo hacía sentado adelante junto a uno de los choferes. El motivo era que el pasaje lo sacaba la novia, una rosarina hermosa, y el que vendía los pasajes era amigo (cómplice) de los choferes…
Antón salía de San Isidro con pocos pasajeros, con una luz tenue de color en su interior. Una noche que subí en Puente Saavedra me resultó atractiva una veterana rubia. Con ella fuimos conversando hasta Constitución. Allí se completó el pasaje, salvo el asiento junto al mío. Yo estaba sobre la rueda y la rubia ubicada por el 8, bien adelante. Ya había perdido la posibilidad de cambiarme de asiento, cosa que solía hacer cuando atrás estaba libre un espacio como para dormir más cómodo. Me la tenía que jugar sí o sí en Constitución, con la rubia ya sentada junto a una señora mayor y yo solito con siete horas por delante en el peor de los asientos. Me animé cuando ya arrancábamos y le propuse viajar a mi lado. Aceptó y le cedí la ventanilla. Un rato circulamos a baja velocidad con luz tenue de color, que apagaron al tomar la ruta. Conversábamos en voz baja y la cosa se fue poniendo linda, salvo por el humo de los cigarrillos. En Chascomús no bajamos, y entre mimos y arrumacos en la 74 me dormí sobre su hombro. Llegando a Maradiaga comenzó a clarear. Cuando desperté por la luz, mi cara estaba a centímetros de mi levante. Me acordé del tango “Justo el 31”, donde el tipo relata “que una noche de hambre la llevó a la pieza y cuando prendió la luz dio un grito y se desmayó”. La rubia bajó en el centro y yo en El Gateado. Dos días después, caminando con mi primo una mañana la vimos sin maquillaje. Ya sabía de la historia en el Antón y no lo podía creer. Lo que yo no podía creer era lo distinto que es una cara maquillada de noche con luz tenue de color y una sin maquillar una mañana de sol en la avenida 3.

Otra historia hecha posible por el Antón fue la de los Noni-noni. En alguna de las unidades que llegaban a la Villa muy temprano, además de bolsos y valijas venían semanalmente varias cajas de cartón sin membrete. Las despachaba Guaymallén en Constitución, con alfajores Noni-Noni para “fabricarlos” en Gesell. Você me entende…
Jorge y Antonio eran dos socios que montaban por dos meses la empresa Noni-Noni. Tenían un camión para distribuir en la costa no sé qué otro producto. Alquilaron un pequeño local con una habitación y un bañito en la 3, junto a “La Garrapata”. Enero uno y febrero el otro, Jorge y Antonio disfrutaban un mes con sus esposas. El local-fábrica funcionaba desde las 18. Para decorarlo adecuadamente consiguieron algo que se parecía a una vieja máquina de panadería y unos estantes con tarros de dulce de leche (según la etiqueta). Inventaron, eso sí, un armazón de madera rectangular con alambre tejido de pajarera. Ahí en eso, a las 18 tenían amontonados tipo desparramo los Noni-Noni para comenzar la función. La pareja de turno, luciendo impecable delantal blanco con monograma y gorro, ante la mirada de los turistas acomodaban prolijamente los alfajores en cajas muy coloridas con 6, 12 y 24 unidades. Al entrar, los candidatos quedaban encantados con el aroma que emanaba la elaboración. Atrás de una cortina, en un jarrito de aluminio con agua, hervía aburrida una ramita de vainilla.

Pero fue en un Antón fuera de temporada en el que viví una experiencia que agrandó mi amor por la Villa. Un viernes a la noche en Constitución subieron dos mujeres. Una ocupó el asiento junto al mío ayudada por su amiga, que antes de bajar al despedirse me susurró algo que no entendí: intuí “cuídela”... Quedé intrigado y estaba atento para entender aquella insinuación. Al rato de andar notando que mi vecina no dormía, inicié la conversación. Me explicó que no veía, pero que no era totalmente no vidente. Estudiaba abogacía en Bs. As., en donde solo distinguía grises. Los fines de semana los pasaba en Gesell porque el aire puro y los espacios abiertos le hacían un regalo. Notaba las diferencias del color del cielo, el mar y la vegetación. Ese detalle hacía que para ella valiera la pena viajar toda una noche envuelta en el humo de los cigarrillos para poder disfrutar esas importantes pequeñas cosas.

Rolando Pozzi - El Fundador
“Anécdotas de Villa Gesell” / “Historias en el Antón”
2020

Nota: Este móvil tiene una referencia que lo distingue del resto de las unidades, posee “blasón”, en este caso un “Biguá” que era el distintivo de las unidades pertenecientes a Tomás López y Tolo Antón.
Reciban Uds., todo mi respeto.
Lean  [Apr 24, 2023 at 05:55 PM]
Antón se fue apagando al mismo ritmo que se fue apangando el Gesell de arena, de casas bajas, de hippies criollos mezclados con italianos y alemanes. Se transformó en un lugar enorme, peligroso y bastante alejado de aquello por lo que se fundó.
ELCOSTERO  [Apr 24, 2023 at 06:05 PM]
Hubo una época, hacia mediados/fines de los 90’ que todo esto que nos gusta se fue apagando alrededor de Gesell, ANTON apenas si se hacía un lugarcito entre la, ya “temblequiante” también, Río de la Plata; Álvarez Hnos. “saraceaba” entre un puñado de coches modernos y un surtido de coches viejos, alquilados, usados;muy promisoria comenzó esa década,muy devastada terminó…
JAVIER W.  [Apr 25, 2023 at 09:26 AM]
Hola David, espero tengas una hermosa jornada,que lindas las historias qué publicaste, ahora la de la sra rubia y da para algunas lecturas, pero mientras maquillada ó sin maquillaje sea rubia, y no rubio decorado todo bien, sino alto garrón pobre hombre
busarg  [Apr 25, 2023 at 10:29 AM]
¡Qué historia, Don David! Me encanta leerlas. Se las agradezco muchísimo.
pablo252  [Apr 25, 2023 at 06:52 PM]
Que historias que tiene Anton con villa Gesell en muchos locales geselinos se pueden ver fotos de antaño dónde aparece algún Anton y con todo respeto lean villa Gesell está lejísimos de ser un lugar peligroso si bien las cosas cambiaron con el tiempo como en todo el mundo villa Gesell sigue siendo un lugar muy tranquilo para vivir.
charlybravo  [Apr 29, 2023 at 12:56 AM]
To también tengo un recuerdo de Antón en Villa Gesell. Seguramente fué en diciembre de 1969 que viajo con mi madre, sentados en la última fila de un Volvo Titan carrocería EMSI,me acuerdo que ese coche tenía los vidrios de la luneta envolventes, de color azul. Subimos en Constitución y seguramente salía de la calle Lima. Viajamos con mucho equipaje, ya que junto a mis tíos y primos mis padres alquilaron una casa. Al llegar a Gesell la agencia que estaba sobre la avenida 3, el Sr Antón le pidió al chofer que nos alcanzara hasta la casa en 7 y 104. Siempre recuerdo esa atención que tuvieron con nosotros.
busarg  [Apr 29, 2023 at 02:16 PM]
Qué buena anécdota, Charlybravo. Eran otros tiempos, había otras conductas. No creo que hoy día un dueño de empresa se molestara en salir de su oficina para hacer algo semejante.