URUGUAY

No los une el amor, sino la C.U.T.C.S.A.

Las antinomias son un componente imprescindible en toda comunidad.

Es característico de la sociedad, desde tiempos inmemoriales, dividirse en dos o en múltiples fracciones enfrentadas con diferentes opiniones sobre un mismo tema. Esto es algo natural y hasta podría decirse necesario: es imposible que todos los integrantes de un grupo humano piensen de la misma manera, sin que exista ninguna divergencia de opinión entre ellos.

Es más: sería bastante aburrido.

Los motivos que originan estas diferencias son infinitos y abarcan un amplio espectro. Algunas son irresolubles, como las étnicas, y otras son variables y hasta camaleónicas como las políticas, donde los enemigos irreconciliables de ayer hoy se abrazan arriba de un palco.


No obstante, las rivalidades domésticas más enconadas son las futboleras. Aquí sí que no hay vuelta atrás.

Es imposible que un hincha de Boca celebre un campeonato de River, pese a que tal vez su logro represente un triunfo para nuestro país; tampoco veremos a un hincha de All Boys celebrando el ascenso de Nueva Chicago ni a un fanático de Independiente alegre tras el fin de la sequía de su odiado Racing Club. Jamás.

En todo país se da esta situación. En el Uruguay, Nacional y Peñarol son los rivales tradicionales, los indiscutidos propietarios del superclásico del otro lado del Río de la Plata. Desde siempre, bolsos y manyas han rivalizado y no hay nada que a simple vista pueda hermanarlos. O casi nada.

Muchos clubes de fútbol uruguayos tienen ómnibus propio, algo poco visto en la Argentina. Y, vaya casualidad que circunstancialmente los ha unido, Nacional y Peñarol adquirieron su ómnibus en la misma empresa: La legendaria C.U.T.C.S.A.

(Fotos: Alejandro Scartaccini / Alberto Kaselis).

El ómnibus de Peñarol fue construido por la firma Banda Oriental, propiedad de la C.U.T.C.S.A., entre 1981 y 1982. Su chasis es parte de un lote de Aclo Ranger de comienzos de la década de 1960, adquiridos en oferta y destinados en su mayoría a cubrir los servicios interurbanos explotados por la empresa, más conocidos como C.U.T.C.S.A. Inter. Algunos otros circularon en las líneas diferenciales urbanas y unos pocos, al final de su vida útil, pasaron a revistar en el servicio urbano común.

Buena parte de ellos, debido al bajo rendimiento de la planta motriz original, fueron remotorizados con Mercedes Benz. No sabemos si es el caso del coche de la foto.

Suena a ironía que las divisiones juveniles del Club Nacional de Fútbol sean transportadas en este venerable anciano. Se trata de un Leyland Olympic de 1956, carrozado en Gran Bretaña por Metropolitan Cammell Weymann. Fue adquirido por el club hacia 1999 y es normal encontrarlo estacionado a orillas del Río de la Plata a la altura de la playa Pocitos, que sufre la invasión de las divisiones inferiores de este club que aprovecha sus espacios verdes para su entrenamiento.

Pero éstos no son los únicos ex C.U.T.C.S.A. utilizados en el ámbito futbolero.

Otro antiguo inglés es utilizado por el Club Atlético Cerro. También es Metropolitan Cammell Weymann, pero construido sobre chasis Leyland Royal Tiger entre 1961 y 1962. Está muy bien conservado y es corriente verlo ronronear por las apacibles calles del suburbio cerrense. Suele estacionar, vaya ironía, a pocas cuadras de la sede de su más enconado rival: el Club Atlético Rampla.

El Millonario (o Gallina: esto depende del gusto futbolero del lector) Charrúa, el Club Atlético River Plate, se lleva las palmas en cuanto a la originalidad en la decoración externa de su vehículo. Basados en los colores de su camiseta, la librea ensayada rejuvenece notablemente a este viejo Leyland Royal Tiger carrozado por Pablo Simoni entre 1961 y 1962, que es conservado en muy buenas condiciones de marcha.

(Foto: Alberto Beer / Alejandro Campini).

 

El último bus futbolero que conocemos pertenece al Liverpool Fútbol Club y es la excepción a la regla, porque nunca perteneció a la C.U.T.C.S.A..

Se trata de un Mercedes Benz O 140 carrozado por la tradicional firma rosarina D.I.C. entre 1969 y 1971 que ha sufrido una fea reforma en su frente. En este caso no conocemos a su empresa de origen, aunque es seguro que jamás perteneció a la C.U.T.C.S.A.: los escasos ómnibus de este tipo que esta empresa utilizó eran del modelo más largo, con una ventanilla más por lateral y fabricados por El Detalle y no por D.I.C..

Quizás haya otros clubes que cuenten con ómnibus propio, que aún no conocemos. Damos por hecho que nuestros amigos uruguayos nos ayudarán a sacarlos del anonimato.

(Foto: Alejandro Scartaccini).


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